17 de julio de 2015

A la mañana que mi corazón respire con más fuerza.

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Volverán esas ganas de escribirte miles de poemas nuevos,
Se romperán las olas de este viento que nos sabe a libertad disfrazada.
Me abrirás los labios con un susurro tuyo, tán bello, tán sufrido...tán deseado.

En esa mañana, cuando mis lágrims hayan cesado en su rebeldía por salir,
Me quedaré soñando con los ojos muy abiertos y deseosos de ti.
Y le hablaré al cielo, o a las paredes de éste triste cuarto con ganas,
De tenerte entre mis brazos, de hacerte el amor hasta morir.

En esta noche, cuyas palabras, se vierten como una cascada en el mar,
Deseo tan sólo besar tu cuerpo, sentir tu álma, hacerte reír...
Caer al suelo, descansar en tu pecho, tocar tu pelo, volverte loco
Y así una y otra vez, volver a empezar,volverte a sentír.

A la mañana que mi corazón respire con más fuerza,
Seremos tu y yo junto a nuestras ganas de podernos alcanzar
Yo como siempre amaré tu boca...
Tu como siempre me volverás a abrazar.

Giovanna Eyes

7 de julio de 2015

Me doy cuenta de que me faltas

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Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.


Jaime Sabines

6 de julio de 2015

Mägo De Oz - Pensando en ti

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Rosa Negra

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Rosa negra, amada mía, tú yaces sobre el cristal
De dulces aguas de un río, de dulce amor en tu mirar.

Rosa de noche, princesa oscura, con mil detalles en tu piél,
Eclipsas la oscuridad del mundo, te pierdes en un amanecer.

Rosa del álma, dulce veneno, te amo y muy a mi pesar...
Recorreré parte del mundo, para poderte alcanzar.

Rosa oscura, belleza eterna, me haces recordarle a él
Despiertas paralelos mundos, te tumbas toda en mi ser.

Giovanna's Eyes



A mi ansioso corazón

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Tú, que me haces escribir a solas por las noches.
Que te empeñas mi álma de sed alimentar,
¿Acaso te pusiste a pensar con tus sandeces?
Como logras privarme, de un dulce respirar.

Tú, corazón ansioso por la luna...
Que no apartas de mí aquel mirar y sabes,
Me obligas a sonar a veces triste,
Cobrando más sentido aquellos lares.

Tú, locura santa que a veces te odiaría tánto...
Me lates tan herida con tánta intensidad,
Pués, eres puro drama y frágil poesía,
Eres un bello llanto que me deja soñar.

A mi ansioso corazón, le hablo ésta noche.
Le pido, le suplico, un trato al despertar.
Déjame un tiempo, que mi álma vuelva,
Recuperar las fuerzas y volver a caminar.

Giovanna's Eyes

Mi Luna

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Con un suspiro anhelante en su voz dormida,
Que yace en las olas de éste triste mar,
La luna se despierta tan bella con su brillo,
Me calma, me atormenta y me quiere sin piedad.

Y yo la amo a ella a veces...y veces la extraño.
No me olvides en tu mundo, llévame a tu lado.
Y puede que en algún momento, te llore con ansiado dolor
Pero te tengo aquí, al lado mío, brindándome todo tu amor.

En ésta noche tan perfecta y calma,
Te alzas en la eternidad como tu sóla sabes.
Es tierna ahora, tu dulce mirada.
Te necesito más, aunque a veces lo calle.

Recuerdame de niña, cuando yo te hablaba
En mis tántas noche de amargo respirar
Que mi amor por ti, siempre será irrompible ...
Al igual que las olas, de éste salado mar.

Giovanna's Eyes

2 de abril de 2015

Poema de la culpa

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Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.

Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.

Ella fue como un agua callada que corría...
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.

Su alma era transparente como un vaso vacío.
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?

¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.

Era de otro. Era de otro, que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.

Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me diste los ojos para mirarla a ella.

Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde 1
para matar un sueño porque llegaba tarde. 1

Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar 2
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería un pecado mayor si no la amara. 3

Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,

tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!

José Ángel Buesa


30 de marzo de 2015

Me voy

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Me voy.
Y tus palabras me persiguen.
Tus ojos se cuelan entre los vestidos que descansan en mi maleta.
Tus manos se quedan a vivir en la memoria de mi cuerpo.
Tu olor entre mis dedos.
Me voy.
Y me voy con ganas de ti.
Del tú y yo entre las sábanas.
De tus abrazos antes de abrir los ojos.
De tus dedos recorriendo mi espalda desnuda.
De tu manera de hacerme tocar el cielo.
De tu sinceridad aplastante.
De tu sencillez compleja.
De tu curiosidad inocente.
De tus mil misterios, de tus secretos aún por desvelar.
De lo fácil que es quedarse dormida atrapada entre tus brazos.
Me voy, se cierra la puerta.
Y tengo esa sensación de tener mil palabras hirviendo en la garganta, luchando por salir.
Me voy y tú te quedas con todos los sitios que pisamos juntos.
Y yo con la perspectiva de verlos llegar en cada ola que bese la orilla de una playa que nunca nos   conocerá.
Y me voy.
Y te digo adiós sabiendo que es la última vez que te beso sin saber que es la última vez.
Y me voy con mil promesas entre los dedos, anillándose en mis huesos.
Y repaso en apenas un segundo esta historia que me ha sacudido los cimientos tres semanas y río, aún sin acabar de creerlo.
Y pienso que sí, que es verdad que alguien puede llegar a hacer mucho en muy poco tiempo.
Y quiero volver hacia atrás, correr a abrazarte de nuevo, a comerte con los ojos, a que me muerdas los labios otra vez.
Pero sigo caminando con el recuerdo de tu mirada latiéndome en los párpados cada vez que pestañeo.
Y me digo a mí misma que todo, todo lo que sucede, siempre sucede por una razón.
Y me empujo a dar un paso, y el siguiente, y otro, y otro más.
Me empujo a seguir avanzando por este camino que se aleja de ti.
Empujo a seguir convenciendo al cuerpo de que lo mejor para los dos es que yo salga corriendo.


Adela Silvestre

28 de marzo de 2015

Se deja de querer

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Se deja de querer, y no se sabe
por qué se deja de querer:
Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.

Se deja de querer, y es como un río
cuya corriente fresca ya no calma la sed;
como andar en otoño sobre las hojas secas,
y pisar la hoja verde que no debió caer.

Se deja de querer, y es como el ciego
que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;
o como quien despierta recordando un camino,
pero ya sólo sabe que regresó por él.

Se deja de querer, como quien deja
de andar por una calle, sin razón, sin saber;
y es hallar un diamante brillando en el rocío,
y que, ya al recogerlo, se evapore también.

Se deja de querer, y es como un viaje
detenido en la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa
y que el viento deshoje la rosa en el mantel.

Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer, y es como un libro
que, aun abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
y es como la sortija que se quitó del dedo,
y sólo así supimos que se marcó en la piel.

Se deja de querer, y no se sabe
por qué se deja de querer...

José Angel Buesa

25 de marzo de 2015

De repente

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De repente respirar en tu pecho.

Inhalarte suavemente, exhalarte en un suspiro.

Morir de deseo con los labios reposando tranquilos sobre tu cuello.

De repente fundirme en el tacto de tu mano.

Acariciarte despacio.

Caminar a tu lado, sin variar el paso.

De repente mirarte a los ojos.

Sonreír sin miedo.

Sin pensar en nada.

Sin que nada nos nuble la mirada.

De repente saber que eres un desconocido.

Y que me muero por conocerte.

Poco a poco, paso a paso.

De repente ser consciente de una fecha.

De unos días, de unas horas.

Y sentir un segundo el vértigo antes de que tus labios me lo borren.

De repente estar entre tus brazos.

Y sentirme como en casa.

Y dormir sobre tu espalda.

De repente tener ganas de ti entre las sábanas.

De tus ojos al abrirlos.

De tu sonrisa iluminando la mañana.

De repente tú.

De repente eres todo.

Sin ser nada

Adela Silvestre

24 de marzo de 2015

Yo te soñé una tarde

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Mujer, hecha de todas mis ficciones reunidas
has vibrado en mis nervios como una realeza
llorando en los senderos de la ilusión perdida
siempre he sentido el roce de tu ignota belleza.

Marchitando mis sueños y mis buenas quimeras
te he forjado a pedazos celestes y carnales
como un resurgimiento, como una primavera
en la selva de tantos estúpidos ideales.

He soñado tu carne divina y perfumada
en medio de un morboso torturar de mi ser,
y aunque eres imprecisa, sé como eres, amada,
ficción hecha realeza en carne de mujer.

Yo te miro en los ojos de todas las mujeres,
te miro pero nunca te he podido encontrar
y hay en el desencanto el encanto de que eres,
o que serás más bella que una mujer vulgar…

Te sentirán mis sueños eternamente mía
brotando de la bruma de todas mis tristezas
como germinadora de raras alegrías
que avivarán la llama de tu ignota belleza.

Pablo Neruda

22 de marzo de 2015

Tu nombre

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Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.


Jaime Sabines


12 de marzo de 2015

Me doy cuenta de que me faltas

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 Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.


Jaime Sabines


11 de marzo de 2015

Habitantes de un mismo sueño

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"Ambos somos moradores perpetuos en los sueños propios habitando cada noche el uno en el otro. Imaginando un mundo construido solo para los dos. Donde amarnos cada noche hasta amanecer fundidos piel con piel, con los labios sellados beso a beso hasta hacer del oxígeno un suspiro perpetuo de pasión. Y tras despertar y mirar los dos el mismo cielo en distinto lugar, desear que llegue la noche, para volverte a soñar."

J C Davalos

Hastio

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Hace tiempo que te busco
en algún lugar del sentimiento,
en algún laberinto de palabras,
sobre las tejas enmohecidas
de esta casa de poesía sin salida ni regreso,
en alguna calle huida,
en algún camino errado,
entre el cielo y el infierno
de esta vida que me agota y me apasiona,
que me alborota y me ahoga,
y me obliga,
y me abandona.
Hace tiempo que escucho de tus ojos,
que me hablan los vientos de tus manos de luz,
y de tu cuerpo,
de este sueño mío… nuestro,
de este manicomio del sentido
que se ha partido en distancias para hallarte,
que solo quiere amarte a pesar de ti,
a través de ti…
después de ti…
Hace tantos versos que te busco
que apenas quedan horas que escribirte,
ni cuerpo,
ni risa ni lamento ni tiempo de inventarte,
ni andén donde buscarte de un olvido.
Que ya no quedan tardes ni tormentas,
ni mentiras...
Que necesito que existas, si no existes,
que me ames, si es que amas,
que me ocultes de mis iras y te quedes en mis miedos,
que me digas que me quieres
por encima de susúrros y ternuras,
que te marches si me marcho
y te quedes si me quedo,
que se me ha cansado el alma de buscarte…
que estoy harto de recuerdos.


Miguel Alcantud Cayuela

10 de marzo de 2015

Discreto amor

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Mi viejo corazón toca a una puerta,
mi viejo corazón, como un mendigo
con el afán de su esperanza incierta
pero callando lo que yo no digo.

Porque la que me hirió sin que lo advierta,la que sólo me ve como un amigo si alguna madrugada está despierta, nunca será porque soñó conmigo...

Y, sin embargo, ante la puerta oscura
mi corazón, como un mendigo loco
va a pedir su limosna de ternura

Y cerrada otra vez, o al fin abierta,
no importa si alguien oye cuando toco,
porque nadie sabrá cuál es la puerta.

José Ángel Buesa

9 de marzo de 2015

Amor de frutas

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Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.

Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.

Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.



Gioconda Belli

6 de marzo de 2015

Tal vez te acuerdes de mi

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 Tal vez te acuerdes de mi con el paso de los años
no por mi cara ni mis manos, ni mi forma de reír
tal vez te acuerdes de mi cuando a una niña le cantes
las melodías que os hacía sin guitarra en el jardín 

Y cuando ya no puedas más de tanto amor sin escalera,
cuando busques piso a medias y colchón
y cuando no quieras dormir por ver dormir a tu pareja, quizá me entiendas
tal vez te acuerdes de mí, y yo...tal vez me olvide de ti
deshaciendo el oleaje que ofrezcan rápido en los bares las mujeres que no vi 

Tal vez... tal vez volvamos a vernos
y compadezca a la persona que entristezca tu perfil
y cuando escuches Nessum Dorma y haya estrellas
escapando de sí mismas con color
Vas a acordarte de mí
Y cuando llores a escondidas porque no te abraza
Y cuando solamente quieras que te quiera él
Y cuando sientas celos del aire que roza su garganta, amor
Vas a acordarte de mí, tal vez te acuerdes de mí.



Andrés Suárez

4 de marzo de 2015

Aun te recuerdo ( Andrés Suarez )

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Tu recuerdo

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Siento que se despega tu recuerdo
de mi mente, como una vieja estampa;
tu figura no tiene ya cabeza
y un brazo está deshecho, como en esas
calcomanías desoladas
que ponen los muchachos en la escuela
y son después, en el libro olvidado,
una mancha dispersa.
Cuando estrecho tu cuerpo
tengo la blanda sensación de que
estás hecho de estopa.
Me hablas, y tu voz viene de tan lejos
que apenas puedo oírte.
Además, ya no te creo.
Yo mismo, ya curado
de la pasión antigua,
me pregunto cómo fue que pude
amarte,
tan inútil, tan vana,
tan floja que antes del año
de tenerte en mis brazos
ya te estás deshaciendo
como un jirón de humo;
y ya te estás borrando
como un dibujo antiguo,
y ya te me despegas en la mente
como una vieja estampa!

Nicolas Guillen

2 de marzo de 2015

Tu risa

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Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

 
Pablo Neruda

Si a veces silencioso

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Si a veces silencioso y pensativo
a tu lado me ves, querida mía,
es porque hallo en tus ojos la armonía
de un lenguaje tan dulce y expresivo.

Y eres tan mía entonces, que me privo
hasta oír tu voz, porque creería
que rompiendo el silencio, desunía
mi ser del tuyo, cuando en tu alma vivo.

¡Y estás tan bella; mi placer es tanto,
es tan completo cuando así te miro;
siento en mi corazón tan dulce encanto,

que me parece, a veces, que en ti admiro
una visión celeste, un sueño santo
que va a desvanecerse si respiro!


Guillermo Blest Gana


26 de febrero de 2015

Duo de amor

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En el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena,
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa,
mi corazón se ensancha como en una sonrisa...
Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé dónde,
pero que oye el latido del mío, y me responde...
El corazón que sientes latir en derredor,
es un eco del tuyo, que palpita de amor.
El corazón del mundo no es ilusorio: Existe.
Pero, para escucharlo, es preciso estar triste;
triste de esa tristeza que no tiene motivo,
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.
La vida es un rosal cuando el alma se alegra,
pero, cuando está triste, da una cosecha negra.
El amor es un río de luz entre la sombra,
y santifica el labio pecador que lo nombra.
Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre,
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.
Sólo el amor nos salva del dolor de la vida,
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.
Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.
Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor:
porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.
Amar es la tristeza de aprender a morir.
Amar es renacer. No amar, es no vivir.
El amor es a veces lo mismo que una herida,
y esa herida nos duele para toda la vida.
Si cierras esa herida tu vida queda muerta.
Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente,
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.
Desdichada alegría que nace del dolor.
De un dolor de la rama también nace la flor.
Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia,
y la rama se queda contraída de angustia.
Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,
y así el amor —resumen de toda paradoja—
renace en cada muerte con vida duradera;
porque decir amor, es decir primavera.
Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor,
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.
Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.
Primavera magnánima, cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz...
Amor es la ley divina de plenitud humana;
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana...
Eso es amor, y amando, también la vida es eso:
¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!

José Ángel Buesa

Canción del amor prohibido

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Sólo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.
Sólo tú y yo sabemos por qué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío...
Y aún nos arde en los labios algún beso reciente.
Sólo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.
Y así dos orillas tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.
 

José Ángel Buesa

La culpa es de uno

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Quiza fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algun modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido

todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aqui habia hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aqui habia apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahi nomas lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenes razon
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchisimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo
francamente
solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lobregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.

Mario Benedetti



25 de febrero de 2015

Espero curarme de ti

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Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

Las últimas tardes de Diciembre ( M. Alcantud )

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Recorriéndote

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Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.


Gioconda Belli

Ella amará a otro hombre ( interpretado por Rafael Turia )

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20 de febrero de 2015

Ella amará a otro hombre

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Ella amará a otro hombre.
Yo voy lejos, andando hacia el olvido.
Y puede suceder que alguien me nombre,
pero ella fingirá no haber oído.

Ella amará a otro hombre:
el tiempo pasa y el amor finaliza,
y es natural que lo que fue una brasa
acabe convirtiéndose en ceniza.

Aunque nadie lo quiera,
envejecen las vidas y las cosas,
y es natural también que en primavera
los rosales den rosas.

Es natural. Por eso,
ella amará a otro hombre, y está bien.
No sé si ya olvidó mi último beso,
ni me importa con quién.

Pero quizás, un día,
oyendo una canción,
sentirá que esa vieja melodía
le cambia el ritmo de su corazón.

O será algún vestido
que yo le conocí,
o el olor del jardín cuando ha llovido,
pero algún día ha de pensar en mí.

O puede ser un gesto,
un modo de mirar,
o ciertas calles, o un botón mal puesto,
o una hoja seca que voló al azar.

Y de alguna manera
tendrá que recordarme, sin querer,
escuchando unos pasos en la acera
como los míos al atardecer.

Será en algún momento,
no importa cuándo o dónde, aquí o allá,
porque el amor, por parecerse al viento,
parece que se ha ido y no se va.

Y si en ese momento ella suspira
y él pregunta por qué,
le tendrá que inventar una mentira
para que nunca sepa por qué fue.

Y él no verá esa huella,
eso tan mío en lo que ya perdí;
y, aunque la pueda amar más que yo a ella,
ella no podrá amarlo más que a mí...!

autógrafo


José Ángel Buesa



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